viernes, 10 de agosto de 2012

Supermami, la mamá gallina (4)

En la granja el granjero seguía tan atareado como siempre. Sin embargo, obtenía tanto amor al cuidar de sus animales que cada día daba gracias por ello. Su hija lo ayudaba pues ella había heredado el amor que su padre sentía por los animales. Las gallinas, sus polluelos, las codornices, los patitos, los caballos, las vacas  y cabras formaban parte de la familia de animales de la granja.

Los patos habían dejado de ser esos indefensos patitos que fueron criados por la gallina Supermami y ahora se habían convertido en unos hermosos patos que estaban cambiando su plumaje. Eran unos animales preciosos, simpáticos y tenían una mirada de bondad y de inocencia que tenía encandalida a la hija del granjero. Contemplarlos le producía una sensación de paz que hacía que a la niña todavía le gustara más estar en la granja con su padre.


Pero los patos estaban creciendo y el granjero se estaba planteando la posibilidad de dejarlos libres en el campo para que pudieran volar, ser libres y encontrar un grupo de patos donde relacionarse con sus congéneres. A la hija del granjero le daba mucha pena desprenderse de sus patitos por lo que su padre le había prometido que se quedarían con una pareja, pero liberarían al resto. Sin embargo, separarlos no iba a ser una decisión fácil pues desde pequeños se habían criado todos juntos con su mamá gallina adoptiva, Supermami.


El granjero colocó unos huevos de codorniz en el corral y tres gallinas ponedoras se disputaron el incubarlos pero como buenas hermanas al final se turnaron para la incubación. Después, se colocaron una al lado de la otra para incubarlos juntas y darles más calor. La gallina del centro, extendió sus alas para abrigar a las gallinas que se habían sentado a sus lados para incubar. Era una imagen fraternal.

-Si alguna lección nos dan los animales, querida hija -dijo el granjero- es que ellos saben convivir en paz -.

-Sí, papá y debemos aprender de ellos -le respondió su hija.       

Luego, las gallinas se levantaron, ¿y quien siguió incubando los huevos?

¡Supermami! 

Su instinto para la maternidad era infinito...     

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9 comentarios:

pilar begoña dijo...

Es un relato muy tierno, que nos enseña a amar y respetar la Naturaleza. En realidad tenemos mucho que aprender de ella.

Un abrazo Mª Jesús

Franziska dijo...

Veo que supermami se ha convertido en la auténtica heroina del corral y que tú estás dispuesta a inventar para que ella las vivas otras extraordinarias historias que seguirás compartiendo con tus amigos.

Yo estoy intrigada ¿qué pasará con los patos se irán o optarán por quedarse? Bueno, ya nos lo irás contando.

Un abrazo. Franziska

AMBAR dijo...

Hola María Jesús.
Muy interesan y ameno tu relato.
Siento que hoy ando ocupada y con más prisa.
Leo tus bellas letras, y te deseo un buen fin de semana.
Un abrazo.
Ambar.

Teresa MM dijo...

Hola Mª Jesús,me encanta la historia de supermami es tierna y da un gran ejemplo de dar sin pedir nada a cambio,por no mencionar ese instinto maternal que a veces les falta a los humanos.
Besos

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre estupenda.

Saludos y un abrazo.

Josefa dijo...

Precioso relato. Un hurra por supermami.

Besos.

Carolina dijo...

Supermami es genial, mas tierna, inteligente y sabia: imposible.
Me encantan tus historias; respecto de tu pregunta, mi profesion es otra pero la apasionada y fanatica historiadora que vive en mí, grita que quiere salir... :D
Un beso.

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

Una Supermami...
La Supermami acuna, proteje y deja volar en el tiempo merecido...


Gracias.
Una abraçada.

campoazul dijo...

Oh! Que ternura, me encanta la supermami y el ejemplo que nos da a todos, deberíamos aprender de ella los humanos, que a veces nos descarriamos y no apreciamos lo que nos rodea.

Besitos.