domingo, 18 de octubre de 2020

Melancolía

Las hadas me miran con ojos de melancolía. Percibo su luz en mi piel, abrazándome en este día de otoño. Las noto en el silencio, discretas y cálidas. Pero no en el silencio del hogar, sino en mi silencio interior. Allí sonríen tímidamente, bajando la mirada, como si temieran acercarse a mi mundo. Prefieren observarlo desde otra perspectiva, desde dentro, desde la intimidad. No se atreven a asomarse a las ventanas del exterior. 
 
Las añoro, echo de menos su presencia, la magia que revoloteaba en cada uno de mis momentos. Extraño su alegría, la misma que irradian los niños, el juego, sus risas, sus piruetas. Siento nostalgia de la dulzura de antaño con ellas, de lo inesperado y lo espontáneo. Todo eso presidía mi existencia, transformándola, colmándola de sorpresas y de bendiciones. Ahora solo puedo contemplarlas, cuando dirijo mi mirada adentro, allí apenas tienen forma pero percibo su vuelo sutil, grácil y ligero. Permanecen ahí, soplando en mis sueños, como si fueran pompas de jabón y cada una de ellas encerrara un deseo.

Autora texto e ilustración: M.J. Verdú Sacases 

Técnica ilustración: Acuarela

Licencia de Creative Commons

lunes, 16 de marzo de 2020

Con los seres mágicos hasta hoy

Hoy las hadas asoman su rostro aniñado con una sonrisa. Su expresión emana pureza, ternura, inocencia y me lleva de regreso a mi infancia, a esos tiempos de despreocupación, de espontaneidad y de alegria. Percibo la luz de las hadas en el corazón, una calidez que me resulta familiar y entrañable, me reconforta. 
 

La ligereza de las nubes, la frescura del rocío al alba y los primeros rayos sol de la mañana me hacen sentir niña, cuando caminaba libre por los prados. Me veo de regreso a la casa de mi infancia, la cabaña de las montañas de mis abuelos. La belleza y el amor se posaban en cada rincón. Este recuerdo forma parte de mí y me da fuerzas para seguir en momentos de desaliento e incertidumbre. Pero las hadas, los gnomos y los elfos, a pesar del paso de los años, siguen junto a mí. Les doy las gracias por ello.

Autora texto e ilustración: M.J. Verdú Sacases
Técnica ilustración: Pastel
Licencia de Creative Commons


domingo, 1 de marzo de 2020

Más allá de los sueños con las hadas



Ahora las hadas me vibran, me resuenan en el alma.
Ellas me arrastran en su baile hipnótico
en el cual el grito se convierte en silencio
y el canto aflora sereno.
Con ellas me reencuentro en la nada,
en lo divino sin forma,
en la plenitud que no pueden explicar las palabras.

Ya no siento el dolor del cuerpo, ni de las emociones
ni de la existencia humana.

Un gozo permanente irradia en todo,
como luz cristalina que impregna el aura
de todo lo que veo.

La magia de las hadas me abraza
y me muestra la realidad
más allá del sueño.
Algo indescriptible.


Autora texto e ilustración: M.J. Verdú Sacases
Técnica ilustraciones: Acuarela/Pastel
Licencia de Creative Commons

sábado, 29 de febrero de 2020

Ángeles y hadas, hoy

Las hadas y los ángeles me bendicen hoy con la calidez de su luz. Su presencia ligera me transmite serenidad. No presentan hoy una forma muy definida pero la percibo como un halo ligero, puro, cristalino. Me noto llena de vida, cuando estos seres andan cerca. Como si mi cuerpo y mis miedos resultaran sanados de un plumazo. Qué liberación desprenderse del sufrimiento humano.

Hoy reboso dicha en todo mi ser. Esbozo una sonrisa permanente. Aquí todo es frescura, gracia, belleza. Soy algo indefinible más allá del cuerpo, más allá de todo lo que he aprendido en La Tierra. Ahora entiendo porque los iluminados, los santos, los yoguis, los eremitas renunciaron a todo en su vida humana con tal de establecerse en esta dimensión perfecta, sublime, donde palabras como lo divino o la magia se quedan cortas. ¿Cómo puedo describir lo que no pueden darme los sentidos?

Todo aparece y desaparece en el teatro de la vida pero hay algo, un principio sin forma, que reside en todo pero que, sin embargo, permanece inafectado, que lo presencia todo, desde siempre, de manera imparcial. Eso soy. Hadas y ángeles me lo recuerdan y para ello hacen llegar a mí la verdad de algunos maestros que lograron en vida ese estado de gozo más allá de las palabras.

Las hadas me muestran la puerta pero una vez ahí debo abrirla sola y seguir mi camino con la voz del interior, la voz sin voz, el silencio con palabras. Todo parecen contradicciones pero debo integrarlas y entonces me resultarán claras.  
Siento en mi interior la frescura de las flores, la magia de cada momento y puedo seguir así siempre, trascenciendo la ilusión del tiempo y de la falsedad de los conceptos. Los rayos luminosos, tornasolados pasan a través de mí, a través de las hadas como si de espíritus se tratara. En comunión con el ahora, tomo plena conciencia de lo ilusorio de las apariencias. Este estado de elevación espiritual resulta natural para el alma que, cuando se expande en lo que realmente es, vibra en armonía con todo. 


Las hadas me miran como si quisieran entrar dentro de mí. Noto su dulce y curiosa mirada en mi pecho. Me fundo con ellas en la plenitud de lo que soy, en la luz hadada de mi corazón, aquella que me acompaña desde niña. 
 
Cuando era niña, podía ver a las hadas con mayor facilidad que en la edad adulta sobre todo cuando estaba en contacto con la naturaleza. Los majestuosos valles y sus ríos y lagos se convirtieron en testigos de mi niñez. Ahora recuerdo con nostalgia mi vinculo de aquellos días con la madre naturaleza. La paz del bosque se convirtió en mi más fiel aliada. Por aquel entonces yo no conocía el miedo y caminaba libre y alegre en las montañas bajo la atenta mirada de mis abuelos. Los echo tanto de menos... ellos me enseñaron a amar a las montañas. Me explicaron cómo diferenciar los cantos de los pájaros, los diferentes tipos de frutas silvestres y de plantas medicinales. También me hablaban de las hadas, elfos, duendes y gnomos que vivían en el bosque y que conocían el lenguaje de los animales. Los cuentos de hadas constituyeron parte importante de mi infancia pero en ellos había una realidad oculta que yo iría descubriendo con el tiempo en las posteriores fases de mi crecimiento. Siempre tuve una sensibilidad especial aunque eso te convierte en más vulnerable al dolor.

 


Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustraciones: Pastel
Licencia de Creative Commons

domingo, 16 de febrero de 2020

Cuaderno de hadas

Las hadas se esconden detrás de las nubes
de azúcar y caramelo
y se relamen complacidas
con tan dulce sabor.

Bailan con duendes y gnomos,
mientras la luna llena despierta
y se despereza.

Los ángeles tocan trompetas
en este concierto celestial y hadado.


Este es un reino de magia
donde la fantasía cobra vida
y los sueños danzan
de aquí para allá.
Estos sueños vienen repletos
de hermosas imágenes
a la espera de convertirse en realidad.

Las hadas con su varita traen
esas imágenes
a nuestra existencia.
Se transforma en felicidad
y nos sentimos en plenitud.


Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustración: Pastel
Licencia de Creative Commons
 

sábado, 15 de febrero de 2020

Mensaje de las hadas

Las hadas bailan grácilmente al ritmo del latido de mi corazón. Las siento como parte de mí. Sus risas y su ligereza me dan vida y me invitan a entrar en su dimensión despreocupada.  Me regalan una llave y me cuentan un secreto. Me dicen que la llave no solo puede llevarme al mundo de los sueños y la magia sino que incluso puedo ir más allá de todo, allá donde la mente no puede llegar... Sus palabras parecen hechas a medida de una pregunta que formulé hace mucho. Pero adonde me indican ellas yo solo puedo llegar sola. Más allá de la magia, más allà de lo conocido. Debo de estar dispuesta a todo por eso y dejar atrás mis dudas y mis miedos. Sin embargo, decido quedarme unos días más con la hadas, fascinada en su mundo de ensueño.

 

Los rayos luz se dejan caer mansamente sobre el bosque encantado. Es una hermosa luz tornasolada que juega con los colores del arco iris. Progresivamente va cambiando su graduación de una manera que da la impresión como si se desplazara, como si estuviera danzando. Un grupo de hadas se acercan a mí y me piden que les muestre la llave. Lo hago y ellas la disuelven en el aire. Se forma una pequeña estela que penetra en lo más profundo de mí. Ellas me explican que la respuesta que busco solo puedo hallarla en mi interior, interiorizándome con aquello que no tiene ninguna apariencia como el silencio, la paz, la determinación, la espontaneidad, lo inesperado... y que la puerta que me está predestinada se abrirá sola. Luego, no hay marcha atrás. Se trata de un estado que no puede definirse con palabras.

No obstante, a veces me siento débil, sin aliento. No sé si tendré fuerzas para llegar ahí pero vine a eso y debo conseguir mi propósito. Las hadas me animan. Admiro su belleza, su magia, su estrecha relación con la naturaleza. Sé que me leen los pensamientos.


Una de ellas me dice: -Descubre tu verdadera naturaleza, sé fiel a tu propósito, ve más alla de la magia y de todo lo que te han enseñado. Paladea el verdadero significado de la verdad y  enséñaselo al mundo con tu creatividad. Nosotras te ayudaremos. Sigue los pasos de aquellos sabios que se te han mostrado en sueños y en meditaciones, aquellos que dejaron algo escrito que ya no puede borrarse de tu alma pues en ella tienes imprimidas sus palabras. Ellos se erigen como tus paladines. Ve despacio, paso a paso, con paciencia. La llave se halla dentro de ti.

Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustración: Pastel
Licencia de Creative Commons 

domingo, 2 de febrero de 2020

En meditación con los ángeles

En mi corazón late la calma y el silencio. La presencia casi imperceptible de un ángel guardian me abraza y me dejo caer. Una sensación de intimidad y de calidez me embargan. Sus alas me rodean. 

Una brisa de luz me acaricia la mejilla. Me siento ligera, en paz. Aquí no hay nada incorrecto. Todo es cristalino, sosegado, puro. En este lugar divino tomo conciencia de la necesidad de amar el presente en mi vida humana y de la responsabilidad de comulgar con cualquier rescoldo de luz del camino, aunque me resulte oculto a simple vista y, por supuesto, de enfrentar las sombras con paciencia y serenidad, aprendiendo y rectificando a cada paso. 

El alma nos empuja a dejarnos guiar por el corazón. Si no escuchamos sus señales, no llegaremos a conocernos a nosotros mismos. Habremos desperdiciado nuestra existencia. Nuestra luz debe brillar en la Tierra.

Reconoce tu luz y déjala ser. Persevera.


Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustración: Pastel
Licencia de Creative Commons