Ceder por ambas partes facilita una convivencia en armonía y además puede aportar a la persona el sentirse complementada por lo que el entorno trae. Sin embargo, la convivencia no siempre es fácil sobre todo cuando no se impone el respeto, la comprensión, la dignidad y la tolerancia.
La libertad debe entenderse como el respeto por lo ajeno y por el hecho de hacer lo que uno siente pero sin perjudicar a los demás.
El diálogo y el entendimiento es la base que forja el camino de una convivencia feliz. El orgullo es el principal obstáculo a este diálogo.
Una buena convivencia posibilita que sintamos que nos encontramos en nuestro lugar, aquél que siempre nos ha estado esperando y que crece con nosotros.