domingo, 9 de febrero de 2014

Cuento de la niña y los animales

Érase una vez una niña que vivía en una preciosa cabaña el bosque, rodeada de animales y de vegetación exótica. Ella adoraba a los animales y a ellos había consagrado su vida. Sin embargo, en el colegio la niña recibía las burlas de sus compañeros pues ellos consideraban que tener animales domésticos en casa era propio de clases sociales no adineradas. Al principio, la niña se sentía dolida por estos comentarios pues no comprendía como ciertas personas no amaran a los animales sino que tan sólo se sirvieran de ellos para su propio beneficio o bien fueran crueles con ellos. Sin embargo, la niña era una gran creyente en la ley del karma y sabía que si en esta vida alguien recibe burlas, en la próxima los que se burlan resultan los burlados. Y como ella no quería dejarse afectar por la situación ni dejarse influenciar por palabras necias, ella, a pesar de todo, siguió adelante con su propósito de preservar y proteger a la naturaleza y las especies animales, comprendiendo que cada cual sigue su particular camino de evolución, es libre de actuar conforme a él y de recoger necesariamente los frutos de sus acciones.


En el establo que la niña tenía junto a su cabaña los animales disfrutaban de una alimentación y cuidados adecuados. La niña adoraba despertarse por la mañana e ir a ver a sus animalitos para recordarles cuánto les quería y lo agradecida que ella estaba por tenerles con ella. Los animalitos nada más verla, meneaban la cabeza a modo de saludo y prestaban atención a la niña. Una bondad especial brotaba de los corazones de los animales sobre todo de las crías de los animales, siempre tan inocentes y espontáneas. 


Existía una comunicación implícita entre ella y los animales que fluía de forma natural. Además, a la niña le encantaba cuidar de su jardín, uno de los más hermosos de ese lugar. Las plantas y las flores siempre le habían transmitido algo especial y a veces se sentía tan a gusto con ellas que es como si ella fuera capaz de dialogar con la mismísima madre tierra a través de las plantas. Los animales y las plantas le estaban enseñando a amar la vida y a anclarse como las raíces de los árboles en cada instante de tal manera que el Ahora se había convertido en su mejor amigo y en su principal foco de aprendizaje.
 

La niña pertenecía a una familia de granjeros con una fuerte vinculación con la madre naturaleza, principio que su familia transmitía generación tras generación.

-Es una bendición ser hijo de la Madre Tierra -siempre le decía su papá.


La niña practicaba el agradecimiento como filosofía de vida y procuraba sentir cada instante a flor de piel para que no se le escapara. Estar y observar a los animales potenciaba su presencia en el ahora ya que los animales viven en el ser y esto les permite estar plenamente presentes y ser conscientes de sus sentimientos y emociones. Actuar con calma, meditar, improvisar, planear las cosas prácticas y embeberse del instante formaba parte de la forma de ser de la niña quien había sido enseñada desde niña a ser coherente y sincera con ella y con los demás para no formar parte de la confusión y el engaño de la vida. Así, la niña vivía una existencia auténtica donde la alegría era como una dama blanca que la tomaba de la mano como un elemento más en su vida diaria. La familia de la niña y los animales de la granja enseñaban a la niña a vivir su propia verdad y a defenderla, respetando, aunque no siempre fuera compartida, la de los demás.

-Imponer es un juego de autoridad que nada tiene que ver con el compartir o ser tolerantes- le decía su abuela-. Vive una vida humilde, con compasión pero sin someterte a quien no comparte tu verdad-.

La niña se sentía afortunada por crecer en este entorno que a su vez la hacía crecer espiritualmente, alineada con su destino: un destino que ella escribía cada día y que se le antojaba como el mejor de los regalos.


Safe Creative #1402090103750
Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Texto inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual 
Técnica ilustraciones: Pastel

4 comentarios:

Tramos Romero dijo...


Ejemplar cuento lleno de mensajes bondadosos, solidarios, positivos y estimulantes. con esa reseña a la humildad tan necesaria.

Te felicito,

Besos muchos ♥♥

Duarte dijo...

Todo tan bien argumentado que me traslada a un estado de satisfacción que me agrada plenamente. Qué capacidad creativa la tuya! Te felicito una vez más.
Los dibujos una delicia, especialmente el patito, qué bonito!
Abrazos de vida, querida amiga

Meulen dijo...

Una enseñanza muy relevante dejas
donde prima el amor a la tierra
y el saber valorar las cosas simples d e la vida
hacer la formación de caracter lo mas importante
con las enseñanzas ancestrales
los valores que prevalecerán en el tiempo
y puede o hacen la diferencia con aquellos que solo persiguen
sacar un provecho económico u de otro tipo ...que nada forja d positivo
en tantas personas por el mundo...
saludos a ti!

Sor.Cecilia Codina Masachs dijo...

Buenos días MªJesús, un lindo cuento con sus enseñanzas. Cuando se ama a los animales , también se ama y protege la naturaleza. En ella encontramos sabiduría,paz y nos hace ser agradecidos con el Creador.
Un abrazo.
Sor.Cecilia