lunes, 8 de julio de 2013

Para mi abuela...

Estás perfectamente en paz, en arraigo con la madre naturaleza, embellecida interiormente, irradiando luz al exterior. 

Te sientes tan ligera que es como si te disolvieras con los primeros rayos del amanecer y te dejaras caer como las gotas de lluvia. Te permites desaprender y vaciarte de todo lo adquirido para quedarte desnuda, sólo con la piel del alma.

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El ego se retira casi con vergüenza y te sientes ahora una criatura salvaje y libre. 

Fluyes, tomas consciencia y la apertura es indescriptible. Tienes los sentidos alerta en una mezcla de felicidad y atención donde  todo cobra primer plano en un escenario inclusivo donde percibes varios planos en un todo. 

El equilibro que experimentas no depende de lo externo sino de la fuerza de ese campo de luz que sientes parte de tí.

Tu libertad nace de dentro, sale de aquí y corre silenciosamente como si tuviera piernas, corre como la corriente del riachuelo que se ha formado con las abundantes lluvias. Tu cuerpo es tan ligero que es como si se levantara para jugar con el viento y saludar a las praderas de las montañas que visitabas de niña con tu abuela.


Ella te mecía en su regazo y te cantaba nanas. Te prodigaba amor y te transmitió su amor por los ángeles y devas de la naturaleza. Tu abuela vivía en plena naturaleza y aprendió a subsistir en ella. Tú estabas con ella los veranos, creciste con ella, juntas ibáis a los campos, a las montañas, a los grandes árboles y a los ríos cristalinos como el corazón de las hadas que luego integrarías en tu vida como un miembro más.


Imagen registrada*

Despierta, serena, atenta a tu interior y tu exterior, tú te experimentas como un puente entre dentro y fuera, como si fueras un lazo entre el cielo y la Tierra, totalmente abierta al cosmos y al infinito.
 
Abres la vida como un regalo y hallas en su interior grandeza, sabiduría e iluminación pues la vida es sagrada y nos reconduce una y otra vez hasta llegar a las puertas del alma, redescubrirnos y probar las mieles del ser.
 
Sonríes con tu niña interior y estalláis de gozo y os quedáis en una, fundidas en un beso eterno. Nacida de la tierra, a ella volverás con tus alas de hada, amando el planeta y recibiendo el amor que le das.
 
Creces nutriéndote de tu esencia hadada con tu familia de elfos, gnomos, duendes y hadas, saludando a vuestro sol interior, ése que te reconforta en todo momento. Te sientes más integradora que nunca, en unidad, como si tu respiración fuera la  misma que la del Universo.

Eres la tierra, la lluvia, el mar, el desierto, las montañas, el reino animal y el vegetal. Respiras pureza a pleno pulmón. Con tu embarcación a toda vela surcas el mar de tus sueños, pero lo haces despierta, palpando la realidad y la inmensidad de ese mar te sobrecoge. 


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Las sirenas te toman por sorpresa con sus cantos, acompañados por los sonidos de delfines y ballenas y te dejas abrazar por el instante. Te emocionas ante la perfección de la vida y la tomas por montera. Como si te rodeara con su capa, te envuelves de la sensación más vivificante que jamás hubieras experimentado.

Respiras profundamente, inhalas conscientemente, invitando a la vida a seguir entrando, invitándote a ti a adentrarte en ella y bailar juntas como una pareja de bailarines perfectamente coordinados al son del ritmo del ahora.

Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustraciones: Acuarela 
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual. Licencia Creative Commons 3.0  

1 comentario:

El Hada de los Cuentos dijo...

Bonito canto de amor a tu abuela. He disfrutado mucho leyéndolo. Muchas gracias por todas las visitas y comentarios que dejas en mi blog. Feliz verano, Mª Jesús. Un beso muy fuerte