Mostrando entradas con la etiqueta hadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hadas. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de octubre de 2020

Melancolía

Las hadas me miran con ojos de melancolía. Percibo su luz en mi piel, abrazándome en este día de otoño. Las noto en el silencio, discretas y cálidas. Pero no en el silencio del hogar, sino en mi silencio interior. Allí sonríen tímidamente, bajando la mirada, como si temieran acercarse a mi mundo. Prefieren observarlo desde otra perspectiva, desde dentro, desde la intimidad. No se atreven a asomarse a las ventanas del exterior. 
 
Las añoro, echo de menos su presencia, la magia que revoloteaba en cada uno de mis momentos. Extraño su alegría, la misma que irradian los niños, el juego, sus risas, sus piruetas. Siento nostalgia de la dulzura de antaño con ellas, de lo inesperado y lo espontáneo. Todo eso presidía mi existencia, transformándola, colmándola de sorpresas y de bendiciones. Ahora solo puedo contemplarlas, cuando dirijo mi mirada adentro, allí apenas tienen forma pero percibo su vuelo sutil, grácil y ligero. Permanecen ahí, soplando en mis sueños, como si fueran pompas de jabón y cada una de ellas encerrara un deseo.

Autora texto e ilustración: M.J. Verdú Sacases 

Técnica ilustración: Acuarela

Licencia de Creative Commons

domingo, 21 de octubre de 2018

La belleza de la naturaleza nos devuelve al presente

Estoy en el río, un lugar mágico y tranquilo. Este paraíso constituye un regalo de la naturaleza y una invitación a entrar en mi luz interior, aquella que se esconde tras los vaivenes de la vida. Sin embargo, aquí todo es calmo y pausado. El sonido relajante del río convive con el silencio del entorno. De esta unión nace un equilibro natural que ralentiza y hasta consigue detener el tiempo. Dejo de pensar, el pensamiento se reduce a un mero telón de fondo y el presente fluye en primer plano. Las palabras, incapaces de expresar este estado de paz enraizado en el ahora, pierden su poder.
  
El tañido de la campana del pueblo anuncia un mediodía que parece no existir. La temperatura es agradable. Todo rebosa serenidad. Siento una calidez especial, familiar, que me hace sentir confianza y seguridad. Lo agradezco infinitamente de la misma manera que agradezco todo lo que me ha llevado hasta este instante. Este estado sin tiempo, apacible, me recuerda al de las hadas y los elfos, a su dimensión mágica, donde todo resulta posible. Dicen que aquí, en nuestra dimensión humana, también lo es, si aprendemos a crearlo con suficiente amor y convicción en el corazón. 

La belleza y la templanza del lugar me sobrecogen. Permito que la sacralidad del entorno penetre en mí. La atmósfera fresca y pura de este paraje me enamora y me impulsa a regresar una y otra vez pero una vez aquí, no necesito saber el porqué. Aquí los motivos y el querer saber se desvanecen. Sólo el ahora está presente. Me colma una felicidad que no precisa de razones para existir, sino que simplemente es y permanece latente, a disposición de aquellos desligados de los convencionalismos sociales. Aquí no hay nada que olvidar ni que recordar. Sólo el verbo ser late en cada expresión de vida.
 

Me acogen formas de vida invisibles, de gran sensibilidad, guardianas de las montañas y de los ríos del paisaje. Siento sus vuelo, su susurro, su corazón alegre, su energía juguetona y sonriente. No las veo pero no necesito verlas para tener la certeza de que andan cerca. De niña en alguna ocasión pude observarlas. En mi juventud, una sola vez. Hoy día, en cambio, me contento con percibir la presencia de sus espíritus inocentes y libres. A veces, incluso hacen ruiditos, como si alguien se apresurara a esconderse y otras, me invade de forma inesperada una sensación de pureza, de frescura, de algo en estado original, sin haber sido contaminado por las emociones humanas, que me acaricia como una suave brisa. Entonces, les doy las gracias en silencio y solicito sus bendiciones.

El zumbido de un insecto me saca de mi ensimismamiento y me devuelve a la alerta y el disfrute de este momento.

Autora texto e imagen: M. J. Verdú
Técnica ilustración: Pastel y lápices de colores
Licencia de Creative Commons

Os dejo con una frase inspiradora de Abraham Lincoln (1809-1865), 16º presidente de Estados Unidos:

"Creer en las cosas que puedes ver y tocar no es una creencia; pero creer en lo invisible es un triunfo y una bendición."        

martes, 2 de octubre de 2018

Las alas de la nada

Respiro profundo
y me relajo.

Me hundo en mí,
en un yo desprovisto de todo.

He dejado de ser
la voz en off de mi mente...

En este estado
la nada se hace presente,
cobra vida,
despliega sus alas
como las hadas,
pero no hay fantasía ni magia...
Sólo impera el vacío,
como una noche serena
cuyo silencio nos dicta
lo que realmente somos:
más allá de las palabras
porque no pueden definirlo:
tan sólo acercarse, rozarlo
como el roce de los ángeles,
cuando nos acarician con su presencia.


Autora texto e imágenes: M. J. Verdú
Técnica ilustraciones: Pastel
Licencia de Creative Commons

domingo, 10 de junio de 2018

Meditación con las hadas

Después de algún tiempo, regreso con mis escritos y dibujos sobre las hadas y otros elementales de la tierra, que, con su presencia invisible, nos acompañan en el camino. Dispongo de poco tiempo. Cualquier cosa, podéis contactar conmigo por E-mail: mjesusvs@gmail.com. Un placer reencontrarme con todos vosotros. Os añoraba.  

Mi hada,
en meditación
te siento como una leve brisa,
acurrucada en mi alma.

Tu vuelo me lleva
más allá de mis pensamientos
hasta que nos fundimos en un vacío
donde incluso tú desapareces
pero seguimos presentes aquí
en el latido de cada instante.

Habito en una dicha indescriptible,
desposeída de mi personalidad,
de mis miedos,
de los conceptos.
Vacía de mí.

Hadas, elfos, duendes y gnomos
danzan al compás
de la melodía del silencio.
Sus alas les elevan por encima
de sí mismos
y nos encontramos
en un estado sin rostro, sin tiempo,
que lo presencia todo
sin ser nadie.

Reina el vacío
en este reino de ningún lugar,
indiviso, completo, sujeto a nada
cuya llave está en el interior,
a tu alcance.

Entre risas y asombro,
extasiada,
embelesada como los niños:
renazco empapada de gozo,
de amor sin expectativas, sin razones,
ser por el mero hecho de ser,
de fluir en libertad en estado puro.


El rocío baña las flores del ser
como agua bendita de
vida, vibración, amor,
magia, luz, divinidad
manando de la fuente,
origen de todo.

La música celestial
me recorre, me bendice
y me enraiza en el presente.
Notas tañidas en el ahora...

Autora texto e imágenes: M. J. Verdú
Técnica ilustraciones: Pastel 
Licencia de Creative Commons