Te sientas en la penumbra y descubres la cara de aquellos que te instigaron y que ahora han dejado de ser en tu vivir. Los comprendes pero no te inspiran tristeza ni pena pues entiendes perfectamente que se vean inmersos en las consecuencias de sus gestos. Hasta de ésto has conseguido vaciarte y despojarte. Este vacío te ha compenetrado con algo divino y grande que reside en lo pequeño y en lo sublime. Tienes la sensación de haber estado así antes, de haber llegado a este sentido completo de vida a través de tantos contrasentidos. Has conseguido que cayeran todos y que te mostraran sin quererlo (pues nunca pretendieron ayudarte) el lugar de donde provienes: aquél sin juicio pues ya no hay nada que juzgar, la vida es demasiado valiosa como para perderla con palabras vanas. No sabes como describir tu lugar de origen pero sí percibes que es como una inefable felicidad construida en tu interior con vigas de luz.
Ves a alguien caminando con gracia y te das cuenta de que tu alma es así: grácil y ejecutora fiel a su destino. El hecho de que te haya costado tanto llegar hasta aquí es consecuencia de que todo el mundo paraece haberte enseñado el camino contrario a tomar quizás para valorar más tomar luego el correcto y que nunca te arrepintieras de ello. Hasta que no tomaste la decisión de salir de tu confusión, sintiéndote por un tiempo perdida pero ya harta de sucumbir a las exigencias de los demás, no conseguiste alzar tu vuelo y simplemente ser, existir, estar aquí, viviendo el instante, no huyendo apresuradamente de él.

Al igual que la luna precisa de la noche para brillar, nosotros hemos precisado del dolor, del sufrimiento y del hastío para comprender que para perfeccionarnos e integrarnos en los opuestos, primero hay que cabalgar de un lugar a otro de la dualidad para llegar con nuestra montura a la cima del conocimiento, el cual habrá empezado por conocernos a nosotros mismos, despojándonos de ropajes y adornos que interferían en nuestra libre y genuina expresión del alma.
Como niños que todos fuimos y somos, hemos venido a reinar en nuestro Universo y a tomar el cetro para desempeñar la misión del alma. Ése cetro sólo nos está reservado a nosotros. El cetro guarda secretos tan osados capaces de cambiarnos a nosotros y al mundo. Y es que sólo desde el refugio de nuestra soledad, de nuestra intimidad con el corazón, lo hermoso en nosotros puede emerger transparente como un lago que fluye sereno y que no precisa para ello de nada más que de sí mismo. Pues el ser no depende, el ser es.