
-¿Por qué no puedes salir?- le preguntó la niña.
-Porque sólo puedo salir de aquí para ir a tu corazón y allí no puedo ir ahora pues tu pensamiento me lo impide –le respondió en duende con su dulce voz desde dentro del zapato.
-Es verdad –admitió la niña-. Últimamente, ando preocupada y por esta razón la vibración de mis pensamientos ha decaído. Tú lo has notado enseguida.
-Pero, ¿por qué no crees en tu luz? –le preguntó el duende-. Si pudieras verla…es tan hermosa y brillante, parece una estrella. Si sintieras el ser de luz que tú eres, me verías jugar con tu alma, balancearme en tu latido, empaparme del halo amoroso de tu luz y si tú realmente la reconocieras y la valoraras, no la ignorarías, sino que la cuidarías como si fuera un tesoro, el cual contiene la vibración pura y noble de tu alma y te recrearías eternamente en su fuerza divina y en su naturaleza calma y bella.
-Sí, querido duende, pero créeme a veces las preocupaciones parecen tener más fuerza que ella… Así lo siento ahora –le confesó la niñita.
-A pesar de tus pensamientos negativos puedes ayudarme a escalar hacia tu corazón, visualizando en tu interior una luz tan fuerte en el pecho que es capaz de afectar a quienes te rodean. Siente su fuerza, su calor, su poder, su magnetismo y, de este modo, podré acercarme a tu corazón y salir de tu zapato -le solicitó el duende.

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