domingo, 23 de marzo de 2014

El aquí y el ahora según las hadas

El amanecer fresco y soleado ha impregnado el valle de belleza y luminosidad. Sigues en tu pradera disfrutando del aroma de las flores y de los regalos que la vida te ha brindado. Aquí sólo se respira paz y pureza. Te hallas en uno de los enclaves más privilegiados del planeta y tu posición aquí también lo es. Eres libre de ser y de expresar al mundo tu creatividad sin límites. 

Tus palabras mágicas llegan a los niños y se posan en sus corazones juguetones y desenfadados. Creas fantasía en la realidad y te acercas a los que más quieren los adultos. Eso te coloca entre dos mundos, el fantástico y el real y tú eres el puente conector entre ambas realidades. Eso te encanta porque has nacido para ello con tus dibujos, símbolos y vocablos lindos. Una idea formidable se enciende hoy en tu mente y tu corazón la aviva con su amor. Vas a ver a los caballos al establo y sientes su ser, su presencia, su arraigo en el aquí y en el ahora donde el miedo se ha marchado por la puerta de atrás y sólo queda el instante al descubierto, desnudo, tal cual es ante la conciencia que todo lo llena. Sin embargo, tú has aprendido a percibir el vacío, el espacio entre las cosas, la desnudez del alma y el desapego y libertad que la rige.

 Imagen registrada en Safe Creative*

Todo resulta tremendamente presente en este país coronado de bosques, montañas y lagos y custodiado por guardias de animales que protegen a su flora y a su fauna. Este equilibrio y amor por la vida te toma y lo abrazas como si de tu hijo se tratara. Aquí hay equilibrio y belleza.

Una sensación de seguridad y confianza te atrapa y te sientes la hija predilecta del lugar. Todo aquí destila y profesa amor y tú no eres la excepción.

Autora: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustración inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustración: Acuarela

martes, 18 de marzo de 2014

Desde la escuela de las hadas

Es una tierra bendecida por Dios. Sus gentes sencillas y humildes agradecen lo pequeño, mientras su corazón se engrandece con la luz del amanecer. Los rayos dorados caen mansamente sobre sus rostros alegres y se filtran en la luz de su mirada. Resultan personas simpáticas y agradables y por eso te han calado profundo.

   Imagen registrada*

El cielo luce bello hoy en estas tierras abrazadas por los ángeles, mientras los peces y las embarcaciones surcan los mares para descubrir bellas tierras y calas.

Te quedas quieta agradeciendo tu bienestar y sintiéndote tremendamente bien. La arena se cuela entre tus dedos, mientras juegas con ella. Aprecias su suavidad y color claro. El bosque no está lejos y te diriges hacia él. Te sientes una más en él, con los árboles, los animales, los ríos, las flores. Sabes que estás en casa y que aquí todo resulta un fiel reflejo de tu alma y de tu magia. Por fin la encontraste y te fundiste con ella. 

  Imagen registrada*
Eres una hada en la Tierra, te has graduado en la escuela de hadas y, por fin, es tu turno aquí y ahora.

Autora: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciónes: Acuarela

domingo, 9 de marzo de 2014

Las hadas y los animales marinos

Los animalitos del bosque te saludan esta mañana y aparecen ante ti con total naturalidad. Te sientes bien con ellos. Ahora mismo, además, estás embriagada por el suave aroma de las flores que se cuela en los pliegues de tu alma y te hace sentir especial. En plena naturaleza encuentras tu hábitat sagrado o tu lugar en el mundo. 

Imagen registrada*

Te bañas en aguas medicinales, terapéuticas en un santuario natural que pocos conocen pero tú respetas y amas el hábitat del planeta Tierra y por eso ostentas el privilegio de bañarte en sus aguas más puras y cristalinas. La temperatura caliente de estas aguas te relaja, sana tus articulaciones y tonifica tus músculos. Te sientes una privilegiada por poder disfrutar de este manantial sanador. 

Imagen registrada* 
 

Aquí trabajas por el planeta y por sus niños, ésos destinados a cambiar el mundo y que tú instruyes desde tu intuición natural en las hadas, elfos, duendes y  gnomos. A los niños les encantan esos seres pues les muestran como estar enraizados en el ahora y acceder al conocimiento supremo de cada instante. Comulgar con el instante y con la propia alma es uno de los secretos del autoconocimiento y de la elevación espiritual que no precisa necesariamente de la comprensión pero sí de la experiencia para autorealizarse, aunque al final gracias a la experiencia llega la comprensión global y holística de este organismo vivo que llamamos Tierra y que la convierte en nuestra madre desde que nacemos. Estás encantada con tu situación, con tu perfecto estado de salud y con el color brillante de tus ojos, iluminados de forma natural por la luz de tu alma salvaje, libre y hadada. 

Imagen registrada* 

Estás en la Tierra y no precisas del tiempo para manejarte según tu alma te guía. Todo contribuye a tu propósito y nada interfiere. Las flores siguen oliendo tan bien como siempre y sabes que eso es porque los ángeles andan cerca. El olor a fresco de la hierba de la pradera y de la tierra recién llovida te recuerda tus orígenes infantiles, la pureza y la ausencia de miedo de esos días. Poco a poco vas recuperando los recuerdos de antaño, cuando simplemente eras antes de que te condicionaran para ser lo que no eres ni debías haber sido. Es posible recuperarte y ser lo que has venido a ser. Los niños y los animales te ayudan y juntos formáis el mejor de los equipos en plena naturaleza. 

Imagen registrada* 

El clima cálido, fresco y lluvioso te gusta pues te hace sentir viva y a gusto en este idílico lugar cuyas ciudades están bien equipadas y disponen de todos los servicios que precisas. La sencillez y la humildad de sus gentes es tal que a veces lloras por la sensación de bondad que desprenden y más que personas, estas gentes te parecen ángeles sólo que son tan sencillos y modestos que no se consideran divinos pero tú hace tiempo que has percibido la divinidad en sus corazones y que eres consciente de su propio vuelo en el ser de cada uno de ellos. Por eso ellos aman su tierra, su gente, su familia, preservan el entorno, la naturaleza, las especies animales y vegetales y los admiras y respetas por todo ello. Son tus maestros: maestros del Respeto y de la Humildad, tanto niños como adultos. Los niños son niños sabios, destinados a ser grandes maestros espirituales desde el camino de la paz del espíritu y la creatividad del ser, de un ser amante de todo cuanto le rodea. 

Imagen registrada* 

Sientes palpitar el corazón de estas tierras en todas partes, en cada árbol, en cada río, en cada mar, en cada habitante, en cada volcán. Hoy los volcanes parecen querer hablarte y contarte historias de hace miles de años que pertenecen a estas hermosas tierras y a sus bellas gentes. Llévate un pedazo de piña a la boca y disfruta de su dulzura. Aquí todo es puro y limpio como el corazón de las hadas. Este lugar está repleto de ellas y por eso ellas te han traído aquí. Pronto entrarás en contacto con la cultura de los elfos y te convertirás en la vigía de la bahía: el mundo marino también precisa de ti. Delfines, horcas, morsas, focas, ballenas, pingüinos, cachalotes y demás se convertirán en tu corte habitual para transmitirte la sabiduría de los mares, esa que ahora comparten con sirenas y ondinas. Aunque siempre has preferido la tierra firme, se te pide que medites por los mares y que les envíes todo tu amor, ese amor que debes aprender a sentir por ti misma con tanta fuerza como la de las olas que baten en los acantilados.

Imagen registrada*  

Autora: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciónes: Pastel/Acuarela

sábado, 22 de febrero de 2014

Con flores, frutas dulces y animalitos de la naturaleza

El aroma de las flores te seduce y te tranquiliza pues existe algo familiar en ese olor fresco y salvaje. Te llevas a la boca la chirimoya, el mango y la piña, sin duda, un desayuno refrescante y dulce. 

El campo de cereales te rodea y te invita a sentarte para participar de su inmensidad y de su paz. En este lugar se respira algo especial y único y tú estás aquí para disfrutarlo y formar parte de este espectáculo natural que la vida te ofrece hoy. 

Imagen registrada* 

Tu cuerpo es hoy bello, ligero y radiante pues un estado de bienestar te ha tomado por sorpresa. 
 
Te quedas al descubierto en este campo donde no hay matorrales que te escondan pero no te importa porque estás sola, tú y la simpática fauna del lugar, que te observa curiosa. Escuchas un ronroneo y ves un mapache que te mira agazapado. 

 Imagen registrada* 


Las mariposas andan cerca. Se alimentan de la humedad del suelo y de los nutrientes de la tierra. Sorben el suelo, voleteando como si no les intimidara tu presencia. Los animales no se asustan de ti porque están percibiendo tu ser despierto, pleno, manifestado, presente y ese afecto inconmensurable que les profesas.

El aire te acaricia el cuello. Oteas el horizonte y bendices este lugar rico en belleza y en abundancia. La madre naturaleza se expresa con todo su esplendor en cada expresión de vida de este lugar idílico y puro en el cual ahora te estás bañando al aire libre, en aguas calientes y terapéuticas que relajan tu musculatura y te elevan al cielo. Esta tierra de agua, volcanes, montañas y bosques está exenta de dolor pues en ella sólo pueden penetrar los corazones honestos y las almas humildes. 


Aquí la vida transcurre despacio, plácida, lenta lo que origina que hasta lo más minúsculo no te pase por alto, cuando lo observas desde la paz de tu espíritu. Te sientes grande en lo pequeño y pequeña en lo grande.
Safe Creative #1402220214417

Autora: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustración inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustración: Pastel

sábado, 15 de febrero de 2014

Elfos y duendes

Das las gracias por esta vida bendita, colmada de luz que experimentas en tu interior lo  cual hace que el dolor resbale y se esfume. La pista de baile se configura como ese escenario donde la danza se inicia confabulada con un presente que te hace sonreír y te sorprende por su inusitada perfección. Como si de una segunda piel se tratara, la existencia te abraza con cariño y se adapta a la ligereza de tu vuelo de hada con una facilidad sorprendente. 

Cada segundo es una oportunidad para desperezarte y desprenderte de lo que tanto te agotó y te consumió. Rebrotas como una flor alpina que aunque esté sobre la nieve, se recrea en el alimento de los tímidos rayos del sol a los que ella experimenta como lo más valioso. Así respiras tú tu realidad, incidiendo y sorbiendo en cada momento de positividad que viene a abrirte las puertas del cielo con los pies en la Tierra.

Aunque estos momentos a los demás les resulten intrascendentes, desde tu intimidad y tu espacio tú los abres como un regalo que los ángeles han envuelto para ti. Como una niña alegre, tomas lo que es tuyo y te diviertes con lo más sencillo pues te proporciona ese preciado espacio que tanto necesitas y donde reposa la luz de tu alma floreciente. Conservas esa frescura de las flores y adoras la soledad, la intimidad pues te permite disfrutar de un espacio espontáneo donde la vida se desarrolla con total naturalidad, atestiguada por tus guías elfos y los simpáticos duendes los cuales se asoman a la ventana de tu mundo y te piden que los dibujes. 

Sin embargo, el estar bien acompañada no altera tu mundo pues un equilibrio se ha posado en tu vida como el rocío se posa en las flores de las elevadas colinas cada amanecer. Te conectas con ese lugar especial donde reposa tu energía y al cual estás destinada a ir para reencontrarte con tus orígenes y alcanzar una mayor comprensión.

Dejaste de esperar y al haberlo dejado, estás creando el espacio donde tus pasos de hada están empezando a encaminarse de forma tímida pero resuelta.


Safe Creative #1402150152599

Autora: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustración inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustración: Pastel

domingo, 9 de febrero de 2014

Cuento de la niña y los animales

Érase una vez una niña que vivía en una preciosa cabaña el bosque, rodeada de animales y de vegetación exótica. Ella adoraba a los animales y a ellos había consagrado su vida. Sin embargo, en el colegio la niña recibía las burlas de sus compañeros pues ellos consideraban que tener animales domésticos en casa era propio de clases sociales no adineradas. Al principio, la niña se sentía dolida por estos comentarios pues no comprendía como ciertas personas no amaran a los animales sino que tan sólo se sirvieran de ellos para su propio beneficio o bien fueran crueles con ellos. Sin embargo, la niña era una gran creyente en la ley del karma y sabía que si en esta vida alguien recibe burlas, en la próxima los que se burlan resultan los burlados. Y como ella no quería dejarse afectar por la situación ni dejarse influenciar por palabras necias, ella, a pesar de todo, siguió adelante con su propósito de preservar y proteger a la naturaleza y las especies animales, comprendiendo que cada cual sigue su particular camino de evolución, es libre de actuar conforme a él y de recoger necesariamente los frutos de sus acciones.


En el establo que la niña tenía junto a su cabaña los animales disfrutaban de una alimentación y cuidados adecuados. La niña adoraba despertarse por la mañana e ir a ver a sus animalitos para recordarles cuánto les quería y lo agradecida que ella estaba por tenerles con ella. Los animalitos nada más verla, meneaban la cabeza a modo de saludo y prestaban atención a la niña. Una bondad especial brotaba de los corazones de los animales sobre todo de las crías de los animales, siempre tan inocentes y espontáneas. 


Existía una comunicación implícita entre ella y los animales que fluía de forma natural. Además, a la niña le encantaba cuidar de su jardín, uno de los más hermosos de ese lugar. Las plantas y las flores siempre le habían transmitido algo especial y a veces se sentía tan a gusto con ellas que es como si ella fuera capaz de dialogar con la mismísima madre tierra a través de las plantas. Los animales y las plantas le estaban enseñando a amar la vida y a anclarse como las raíces de los árboles en cada instante de tal manera que el Ahora se había convertido en su mejor amigo y en su principal foco de aprendizaje.
 

La niña pertenecía a una familia de granjeros con una fuerte vinculación con la madre naturaleza, principio que su familia transmitía generación tras generación.

-Es una bendición ser hijo de la Madre Tierra -siempre le decía su papá.


La niña practicaba el agradecimiento como filosofía de vida y procuraba sentir cada instante a flor de piel para que no se le escapara. Estar y observar a los animales potenciaba su presencia en el ahora ya que los animales viven en el ser y esto les permite estar plenamente presentes y ser conscientes de sus sentimientos y emociones. Actuar con calma, meditar, improvisar, planear las cosas prácticas y embeberse del instante formaba parte de la forma de ser de la niña quien había sido enseñada desde niña a ser coherente y sincera con ella y con los demás para no formar parte de la confusión y el engaño de la vida. Así, la niña vivía una existencia auténtica donde la alegría era como una dama blanca que la tomaba de la mano como un elemento más en su vida diaria. La familia de la niña y los animales de la granja enseñaban a la niña a vivir su propia verdad y a defenderla, respetando, aunque no siempre fuera compartida, la de los demás.

-Imponer es un juego de autoridad que nada tiene que ver con el compartir o ser tolerantes- le decía su abuela-. Vive una vida humilde, con compasión pero sin someterte a quien no comparte tu verdad-.

La niña se sentía afortunada por crecer en este entorno que a su vez la hacía crecer espiritualmente, alineada con su destino: un destino que ella escribía cada día y que se le antojaba como el mejor de los regalos.


Safe Creative #1402090103750
Autora texto e ilustración: María Jesús Verdú Sacases
Texto inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual 
Técnica ilustraciones: Pastel

lunes, 3 de febrero de 2014

En el río con las hadas

Tras las montañas se extiende un valle inmenso donde se respira paz y pureza destiladas en cada rayo de luz. Se asoma el sol esta mañana un tanto perezoso, como si no deseara despertar tan pronto esta mañana.

Pero el sol no puede permitirse el lujo de quedarse dormido y debe despuntar al alba para seguir iluminando el planeta en cada nuevo día.

   Imagen registrada*

Te asomas a la ventana y el mundo te ofrece su mejor faceta en esta mañana agradable con un clima a tu medida. La brisa se pasea en la pradera y como un soplo de aire fresco llama a la puerta de tu alma para regrandecerse con ella. Te sientes entonces especialmente ligera.
 
Estiras tu cuerpo y, como si pudieras volar, te alzas de puntillas con la esperanza de vislumbrar qué hay más allá del cielo. Te sigues sintiendo chiquilla a pesar de los años y a veces te sigues formulando las mismas preguntas de tu infancia. Algo invisible te acompaña, te protege y se queda contigo. Se trata del espíritu del valle, uno de los guardianes de la madre naturaleza, ésa a la que amas desde niña.

Tus animalitos te saludan desde afuera y sales a acariciarlos con ternura y a comunicarte con ellos. El ganado pasta tranquilamente junto a tu casa y te transmite esa sensación de calma y arraigo que emana de los animales, la misma sensación de paz que llevas imprimida en tu alma. Lograrlo te ancla en el ahora y te rinde al presente. 

  Imagen registrada* 

Te refrescas la cara en el riachuelo y saludas a las minúsculas hadas que se ocultan tras las rocas, adoptando una actitud entre tímida y arisca. Pero tú sintonizas con tu corazón y ellas consiguen captar las ondas de hada que desprendes en cada respiración, lo que las tranquiliza y les devuelve la confianza para moverse en libertad en tu presencia. Les sonríes y prosigues con tu rutina de lavado, como una más entre ellas. A todas os gusta acicalaros y resaltar vuestra belleza con flores frescas que os embellecen el rostro.

En el río te invade la nostalgia pues en tus carnes aquí nunca hallaste tus alas pero eso te hizo adoptar otras estrategias de vuelo en La Tierra.

Regresas a casa, te alimentas con frutos frescos, cereales y legumbres y te sumerges en la creatividad de tus cuentos de hadas, en tus castillos de duendes y princesas, rodeados de mares de sirenas, bañados por las inspiradoras palabras de los ángeles custodios.

Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Técnica ilustraciones: Acuarela
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual